Toda esta semana, movida por el clima frío y casi lluvioso que hemos tenido en Santiago, he estado saliendo del trabajo y dirigiéndome inmediatamente a mi casa. Al llegar, preparo una once rica, me pongo pijama, y me meto a la cama a ver películas: Todo lo que es el panorama casero.¿Será la edad?, me pregunto, o será que simplemente el clima frío y la cantidad de películas que se me había acumulado en la lista de “las copié pero no las he visto” ya era demasiado indecente para una cinéfila que se preciara de tal, hacía imprescindible tomar cartas al respecto, y destinar algo de mi tiempo, entre sábanas tibias, a disfrutar del cine.
Vi, por ejemplo, mi película yeta: Ciudad de Dios, excelente, innovadora y con buenas cámaras, pero en medio de la cual siempre me quedaba dormida. Debo decir que el final es maestro. Además vi Una verdad incómoda, de Al Gore. Tal vez porque tenía demasiadas expectativas, la encontré audiovisualmente plana, aunque el contenido era interesante.
Pero anoche me excedí. Vi tres películas absolutamente disímiles: Snatch, Irreversible y El Graduado.
De Snatch debo decir que cada vez que la veo le encuentro algo nuevo, algo interesante de lo que no me había percatado antes, además de que vuelvo a asombrarme con la ductilidad actoral de Brad Pitt, que encarna un gitano a quien no se le entiende nada al hablar.
Irreversible nunca la había visto (Era una de las de la lista “la copié pero no la he visto”) y me pareció notable, postmoderna, cruda, casi documental, con excelentes cámaras y una historia real, desgarradora, y llena de frases para el bronce (Mi favorita es “las premoniciones no modifican el curso de los acontecimientos”).
El Graduado me encanta porque el personaje de Dustin Hoffman logra sacarme de quicio: un veinteañero tímido, incapaz de tomar las riendas de su vida y dudando incluso hasta para respirar, versus una Ms. Robinson madura, inteligente, segura de sí misma y que no da puntada sin hilo. El final es notable, creo que de las mejores escenas del cine: El tímido Hoffman robándose de la Iglesia a Elaine, la hija de Ms Robinson de quien finalmente se enamora, y luchando, con una cruz en mano cual Anticristo, contra los parientes de la joven, que tratan de hacer que ella se quede.
Realmente un exceso, pero en fin, puedo decir que después de esta semana de frío y cine dejé mi lista de pendientes en cero.



Tengo rabia. Rabia porque siempre me pasan historias increíbles que terminan mal. No puedo tener relaciones más o menos normales, que resulten más o menos bien y que duren un tiempo más o menos digno. No, tienen que ser cosas rimbombantes, llenas de pasión y que duran, como dice Sabina, “lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”.

