miércoles, 10 de diciembre de 2008

Ctrl+Z

En la vida debiéramos tener un Ctrl+Z. Deberíamos tener una herramienta, palabra mágica, amuleto de la suerte o botón de emergencia para poder accionar cada vez que metemos la pata, o que hacemos algo de lo que nos arrepentimos al segundo siguiente.

Tal vez se trate de un beso, de una caricia o de esa palabra que de seguro va a ser malentendida, pero que tú te diste cuenta justo después de haberla pronunciado.

Pero nada que hacer. No tenemos Ctrl+Z –ni menos palabra mágica o botón de emergencia- y las cosas se quedan tal cual: los besos se dan, las caricias se hacen, las palabras se dicen.

viernes, 5 de diciembre de 2008

El Matrimonio (II Parte)

La desilusión

-Flaca, cuál era el número de la casa de la Rucia? Estoy dando vueltas hace rato pero no cacho- me dijo cuando le contesté el teléfono. Mr Dancing King estaba perdido y por eso no había llegado al asado.

Le dí la dirección y llegó al poco rato, con un par de kilos menos que la última vez que lo había visto, una chaquetita de terciopelo negra encima de un pantalón y una polera aparentemente casual pero escogida con pinzas, y buscándome con la vista al entrar. “Justo lo que necesito para el matrimonio”, pensé.

Pero se acercó a mí, y al cabo de un rato recordé por qué no quise seguir saliendo con él: la talla autorreferente, subida de tono y dando pie para el comentario obligado de “¿Pero cómo no me voy a reír hasta desmayarme, si eres tan simpático y chistoso?” me espantó un poco, y por segunda vez.

Entonces, evalué la situación: Parece que lo mejor era invitar a Prometeo, que aunque no baila tan bien, es igual de guapo, simpático y divertido. Claro, ya había superado el shock del posteo anterior, gracias a varios comentarios de mis amables lectores, y ahora entiendo que de verdad no significa nada invitar al amigo buena onda y útil para los perversos fines que busco en esta fiesta al matrimonio que ya es la semana que viene.

La acción (Conversación por MSN)

Bárbara dice:
Oye, tienes algo que hacer el próximo sábado en la noche?
Prometeo dice:
Tengo que pasar una etapa de un juego que me tiene pegado en la Xbox
Bárbara dice:
Puedo competirle a la Xbox con un panorama en el mundo real?
Prometeo dice:
Siempre puedes tratar…
Bárbara dice:
Tengo un matrimonio ese día, léase comida, baile y copete gratis
Prometeo dice:
Ya, me tinca!!! Y quien se te casa?
Bárbara dice:
Un amigo, que en realidad originalmente era amigo de mi ex y van todos sus amigos, aunque este ex no va, porque con el novio ya no son amigos (se entendió?)
Prometeo dice:
Ah, ya te cacho…..Entonces hay que ir bañadito y arregladito, con pose de yerno ideal
Bárbara dice:
Por favor!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Prometeo dice:
Ya, ok, me queda claro. Pero bueno, ya tendré que pedirte a ti que me acompañes a un matrimonio peinadita y perfumada, jajajaja
Bárbara dice:
Ya, OK, acuso recibo de la talla con malestar…pero si quieres te miento y te digo que me da lo mismo...
Prometeo dice:
No, está bien, tú tranquila.
Bárbara dice:
:D
Prometeo dice:
Ah, y si me das plata pa la bencina, paso a lavar el auto antes!
Bárbara dice:
Chuta, yo pensé que con la cena y el copete gratis quedabas OK!
Prometeo dice:
Nada es gratis en la vida, guapa.....y eso lo aprendí de tí

martes, 18 de noviembre de 2008

El matrimonio (primera parte)

“No, mejor que vengas acompañada”, me dijo mi amigo, el futuro marido, cuando le advertí que podía disponer del cupo de mi acompañante, porque iría sola. “Todos van a venir con pareja y no vas a tener con quién bailar….y con lo que te gusta”.

Entonces, empezó esta especie de drama victoriano que tengo que resolver de manera más o menos rápida, y después de mirar mi panorama, las opciones son dos, y no sé cuál me gusta menos.

La número uno es ir con un buen amigo, con quien en el pasado tuve una mini historia pero que al final los dos retrocedimos hasta el bastión estratégico de la amistad a toda prueba, tanto así que vivió un tiempo en mi departamento mientras buscaba uno para él, y posteriormente, en el mismo piso de mi edificio. Es medianamente guapo, soltero, tiene lindo auto, pero baila más o menos nomás.

Todo lo anterior no me importaría en absoluto si mi amigo que se casa no fuera uno de los amigos de mi ex pololo (sí, ese que me destrozó la vida por un rato), y a la ceremonia no fueran a asistir varios de sus otros amigos, que por supuesto deben decir “oye, era bien estupenda y simpática la Bárbara, mira lo linda que se ve y el galancete con el que vino”. Por suerte el sujeto en cuestión no está invitado, así que solo me queda cubrir el tema de los amigos, y el tema del baile.

La opción número dos me gusta menos que la uno, pero desde el punto de vista de las comunicaciones –en el que laboralmente me dedico a asesorar a otros- es el mejor: más o menos guapo, soltero, lindo auto, baila in-cre-í-ble. El problema es que es amigo de una compañera de la U y con él también tuve un inicio de historia, pero culminó cuando yo decidí que era mejor hacerse la loca en lugar de entrar a dar explicaciones de por qué no quería salir más con él (OK, lo asumo, un puntito de karma negativo para mí).

El punto es que a este sujeto, al que denominaremos Dancing King para proteger su identidad, hace un rato anda con conversaciones por MSN invitándome a un trago, un happy hour, un café y una salida a bailar…y temo que esta invitación sea mal entendida como un “sí, acepto”. El problema es que si lo miro desde fuera, creo que es la mejor opción.

Por otro lado, me da susto que mi opción número uno –a quien ya hemos nominado como Prometeo en otras entradas de este insigne blog- termine siendo mi acompañante sempiterno a los matrimonios, y después se convierta en el pololo no declarado y en el marido por conveniencia -claro, los dos amigos que se casan sobre los cuarenta años porque están solos y no hay otra opción- y con el que tendré hijos feos (dicen que sin amor salen fatales), pero hijos al fin y al cabo.

OK, sé que le puse mucho a este último párrafo, pero de todos modos, me complica la situación. En todo caso, el fin de semana tengo un asado con mi amiga y es muy probable que también asista Dancing King, así que veremos cómo se aspecta la cosa antes de tomar una decisión.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Recambio social

El concepto, aunque parece revolucionario, es simple: un amigo, de un ambiente totalmente distinto al de uno –en mi caso, un ingeniero informático- te presenta amigos de su mundo y tú le presentas amigas del propio.
La idea: ampliar el círculo social, léase tener nuevos amigos- y quizás algo más- que ya sean conocidos por otro amigo, y recomendados por los grados de afinidad que pudieran producirse.
En realidad, este plan fue más casual de lo que parece, y la idea se le ocurrió a mi amigo, porque es tan difícil conocer gente chora, entretenida, interesante –decente incluso-, y conforme uno crece, tiene pega, responsabilidades, horarios y demases, las relaciones y los círculos sociales se estrechan tanto que es cada vez más complicado salir de ellos.
Entonces, esa es la respuesta: una campaña concertada de recambio social, para ampliarlos círculos, sobre todo ahora, que la primavera alarga las horas útiles después de la jornada de trabajo, y hace gratísima una salida hasta las 11 o 12 de la noche en un día de semana.
Y así ya he conocido a uno de sus amigos –que la verdad me pareció una dulzura- y tengo dos presentaciones más en carpeta. Yo he estado media floja, pero me pondré en campaña para activar mi red de contactos.
Y ustedes, amables lectores, se atreven a hacer el ejercicio? Podríamos incluso iniciar una cadena de presentaciones!!! Qué les parece?

martes, 28 de octubre de 2008

Menú de almuezo+café+declaración de un amigo de años

Golpeaba el borde interior de la taza, lleno de café, con la cuchara. No la revolvía, simplemente hacía ruido para llenar el silencio. Ese silencio incómodo que se apoderó del ambiente después de que me dijo que yo le gustaba. Por patuda, por parada en la hilacha, por distinta, por desafiante.
Nada que ver, le dije yo, asumiendo al segundo siguiente que mi postura era ridícula. Como si se pudiera rebatir un sentimiento.
-Te lo digo para que no me vuelvas a contar de tus pinches, de la gente con la que sales, de los tipos que te invitan al cine, con los gallos que te juntas-me lo dijo con aire de enojado.
-OK-dije yo, cuando me trajeron el café que incluía el menú del almuerzo y empecé a hacer ese ruido.
-Sabes qué? Cuando nos juntemos quiero que me cuentes de tu pega, de tus cosas, de lo que haces, las cosas que estudias, de tus amigas del magíster, de tu familia, de tu vida, pero no de eso- me dijo prendiendo un cigarro y mirando al horizonte, como si no me hablara a mí, sino que ensayara solo la parte de la película cuando al galán le toca hacerse el ofendido.
-Pero es que no tiene sentido, somos re amigos, hace años, y además somos tan distintos, jamás funcionaría algo entre nosotros: Yo jamás te acompañaría al estadio, ni a tomar cerveza de luca el litro con tus amigos, ni a carretear a Bellavista, y tú no me acompañarías a ver cine arte coreano, ni a la biblioteca ni menos a la Blondie- le dije casi a modo de reclamo, y mi último argumento logró sacarle una sonrisa.
Me miró y me dijo. “Y justo que tengo entradas para la Chile con la Católica y te iba a invitar”, me dijo.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Cambios

Me corté el pelo y me lo teñí. Aunque el cambio no es tan radical, los rayos de sol sobre mi cabeza me recuerdan que la carta de colores decía “castaño rojizo” y que tenía toda la razón. El peso de menos que siento en la cabeza me hace pensar en los pesos simbólicos que me he sacado de encima en último este tiempo, y que he reemplazado con la visión, siempre en proceso, de que basta con esforzarse para que las cosas salgan bien, pero que ir más allá de eso implica entrar en la obsesión, que es el comienzo de un estado donde –como dice una amiga española- uno solamente se malvive.
Cambié mi closet. A regañadientes guardé los abrigos, los paraguas, las botas, las bufandas y los chalecos gruesos y poblé los cajones de poleras, vestidos, faldas más delgadas y chalitas. Adoro el invierno y siempre el rito del cambio de la ropa a la estación estival tiene una doble significación: es el término de mi estación favorita pero la promesa de que el próximo año también harán 8 grados y habrá lluvia.
Tomé decisiones. Siguiendo con la filosofía de mi amiga española, dejé un par de cosas que hacía para construir mi vida laboral futura pero que me impedían disfrutar más de mi presente, de mi aquí y de mi ahora. El peso de menos es tan notorio como el de los 5 o 6 centímetros del corte.
Además, decidí hacer un viaje inolvidable y pasaré el año nuevo (otra instancia ritual, como el cambio de closet) en la Laguna San Rafael, para resarcirme de lo poco que viajé este año, y también como una especie de exorcismo a todas las cosas del 2008 que no salieron precisamente como yo quería.
Y como una vez escribí en un diario de viaje, parece como si en algún lugar del Universo, las cosas ya estuvieran resueltas a mi favor: me siento más contenta y el entorno lo ha notado, he recibido felicitaciones por mi trabajo, excelentes notas en el magíster e incluso un aumento de sueldo (sin solicitarlo, cosa rarísima), y un cliente nuevo como voto de confianza a mi labor…Y estoy contenta, viendo cómo los pequeños cambios y reenfoques han hecho la diferencia, esta tremenda diferencia.

jueves, 11 de septiembre de 2008

La liquidación

Claro que es una reducción un poco injusta, pero de todas maneras me pareció un concepto interesante.
Rodeadas de gente de la nobleza informática santiaguina, en el lanzamiento de un nuevo sitio de web 2.0, sentada con mi amiga que logró ponerme en la lista gracias a sus influencias sociales de las que yo carezco por completo, comiendo y tomando en la mejor modalidad (rico y gratis), iniciamos la conversa.
-Tengo un amigo que me dijo que él cree que buscar pareja a estas alturas de la vida es como ir a una liquidación de temporada- me dijo ella.
-¿Cómo así?- le contesté, sosteniendo el vaso perfectamente congelado de la mejor caipiroska que he tomado este año.
-Claro, porque sólo quedan los saldos y las devoluciones.
-Jajajaja, ya te entiendo.
-Si pues, los saldos son los tipos que nadie quiere, los que nunca se han emparejado o están sospechosamente solteros, y por eso uno empieza a preguntarse “qué tiene este tipo que no tiene pareja”.
-Ajá- le dije yo, dándole vueltas al asunto.
-Y las devoluciones, claro, separados o saliendo de relaciones largas…
Y claro, más cerca de los 30 que de los 20, obviamente uno se topa cada vez más a menudo con separados (algunos con hijos) y con aquellos especimenes que despiertan nuestras sospechas por encontrarse aún solteros.
Terminó el evento, y cada una se fue a su casa, pero el tema de la liquidación me quedó como un eco en la cabeza.
Quizás porque estoy en una etapa optimista, me acordé de mi abrigo color chocolate, maravilloso, de corte perfecto y justo de mi talla, que me compré a nueve lucas (y que tenía cosidos todos sus botones) en una liquidación hace un par de años, lo que sin desmentir del todo la teoría del amigo de mi amiga, le pone matices: Igual uno puede encontrar algo perfecto en la liquidación, porque quizás alguien lo devolvió porque no le gustaba ni le quedaba bien pero es perfecto para uno, o porque al final del cerro de cosas de la temporada pasada, estaba ese saldo radiante en el que ninguna otra compradora había reparado.
Así que mi moraleja es la siguiente: si buscar pareja es una liquidación, entonces habrá que hacerse el ánimo para hurgar en los percheros y revolver los canastos hasta el fondo.