martes, 9 de febrero de 2010

No llamó más

Kiefer Sutherland/Doctor House no llamó más. Tampoco escribió contando alguna mala excusa por no haberme llamado. Dejé de recibir las "buenas noches" por SMS, junto con las invitaciones a salir.

Hace mucho tiempo me desistí de perseguir a los que se esmeran en no perseguirme, porque es tan claro cuando uno le interesa de verdad a alguien, que por antonomasia entiendo también cuando yo dejo de interesar.


Ahora , de vuelta a lo de antes: salir sola, respirar, conocer gente nueva, esperar. Soy excelente para todo eso, salvo para lo último.

lunes, 1 de febrero de 2010

Primera cita

Es una mezcla de Kiefer Sutherland y el actor de Doctor House. Tiene los ojos muy verdes para mi gusto, pero una mirada clara en la que me podría haber quedado a vivir.

Me dijo todo lo que quería saber de él: Que trabaja haciendo iluminación para cine (mi fetiche técnico del séptimo arte), que le gusta cocinar –y también comer-, que la cicatriz que tiene al lado del ojo derecho se la hizo a los 5 años, cuando se agachó para recoger un autito y se pegó con la lata del resbalín del kinder (“podría haber inventado una historia más cool, pero me gusta contar la verdad porque es una historia tierna”, me dijo después), y que cuando me vio, lo mató mi lunar en la comisura de mi boca.

Ahora, a averiguar el resto.

martes, 26 de enero de 2010

¿Existen las coincidencias?

Levanté la vista y miré por la ventana de la micro después de leer el mensaje, y sólo me encontré con mi cara de asombro reflejada en el vidrio. "Esto no puede ser", pensé, guardando el celular en la cartera.

Acababa de llegarme un mensaje de Lan.com, para avisarme que mi vuelo a Madrid había sido cambiado de horario. MI VUELO A MADRID!! ¿¿Cuál vuelo a Madrid??

¿Existen las coincidencias? Esto pasa justo ahora que estoy cambiándome de casa, dejando mi departamento maravilloso y volviendo al cobijo de mis padres para juntar plata y poder irme a Madrid (no es ninguna otra ciudad del mundo, es Madrid) a estudiar.

"Quizás alguien dio mal el teléfono cuando hizo la reserva, y por eso el mensaje me llegó a mí", pensé, para aquietar la sensación de fatum griego que se agitaba dentro de mí, y que me mostraba que de una u otra forma -y pese a que odio esa idea-, las cosas que viviremos ya están escritas en alguna parte. "Matarás a tu padre y te casarás con tu madre", le dijo la esfinge a Edipo, destrozando la certeza de todos a quienes nos gusta pensar que con cada una de nuestras acciones escribimos un futuro que no existe.

Llegué a la oficina, y cuando abrí mi correo, Edipo, parado a mi espalda y con sus labios a centímetros de mi nuca, me gritó que estaba equivocada: En mi mail institucional estaba un mensaje de Lan.com, confirmando el retraso del vuelo a Madrid, a mi nombre!

"Esto está mal, o tengo un mescenas clandestino que me acaba de regalar un pasaje a Madrid", pensé, marcando el número del Call Center.

La mujer que me atendió debió pensar que estaba loca. Me preguntó 20 veces si yo no había comprado el vuelo y no lo recordaba, o si otra persona dio mis datos para comprarlo a mi nombre, y luego de la vez número 21 me pidió mi rut para chequear en el sistema, donde efectivamente, no figuraba en ningún pasaje a Madrid, pero sí estaba registrada con mi mail y mi teléfono para avisar en caso de modificaciones de fecha o de hora de ese vuelo.

-Le pedismo disculpas, señorita Bárbara, la verdad es que no entendemos qué pasó. Vamos a desvincular inmediatamente sus datos de los correos y mensjaes de aviso de retrasos
-¿Sabes?, parece que yo ya entendí qué pasó- le dije, iluminada
-Si? Qué cosa?
-Edipo....el fatum griego- le dije, sabiendo que no entendería nada
-Cómo? no le entendí....
-No, no te preocupes. Muchas gracias por tu tiempo

Al menos, Edipo, ya recibí tu mensaje: Estoy en el camino correcto.

lunes, 18 de enero de 2010

De cambios

Hoy estoy un poco triste. Hace tiempo no escribía en este espacio porque ninguna de mis aventuras sentimentales -que siendo honesta, han sido poquísimas- daba el ancho como para escribir sobre ella. Encuentros, desencuentros y minutos-horas- mirando a mi celular esperando a que sonara. Sin sonar. Nada muy épico.

A veces creo que soy yo la que no entiende bien, la que tiene el barómetro medio descalibrado, o las luces de WARNING demasiado hipersensibilizadas. Incluso he pesnado que esa "belleza exótica" detrás de la que nos escondemos todas aquellas mujeres que no somos modelos de Sports Illustrated, era simplemente una fealdad mirada con demasiado beneplácito, o que esa inteligencia ácida de la que presumía como principal virtud no era otra cosa que un pálido sentido del humor y algo de elocuencia, pero nada más.
Otras veces creo que son ellos los que están mal, que quieren al prototipo de mujer guapa y mononeuronal al que terminamos crucificando siempre, como si así pudiéramos expiar nuestros males y pecados de mujeres modernas, que trabajan, estudian, se desempeñan en la vida laboral pero que también quieren mantener su rol de mujer en el mundo privado, en la cocina, la casa y la cama.

A veces siento que soy invisible. Inaudible. Imperceptible. Que me borré detrás de la estampa de la "chilena promedio" que por ser tan condenadamente promedio no destaca ni para bien ni para mal.

Tal vez todo esto -este estado de ánimo gris como el día -pueda deberse a las decisiones que he tomado, y que me alejarán de mi comodidad, de mi vida de joven profesional viviendo en el centro de santiago, a un paso de todo y en el epicentro de la vida gastronómica y cultural de la ciudad, y me llevarán a la casa materna de vuelta, tras 4 años de independencia.

No me malentiendan, es algo que quiero hacer, y que elegí hacer. El objetivo es tan común y simple como inalcanzable de otro modo: Quiero ahorrar plata para estudiar fuera de Chile, y este es el único camino más corto y rentable que se me ocurrió, y que no implicaba la venta de ninguno de mis órganos vitales en el mercado negro.

Tal vez el empalme entre estas dos situaciones de mi presente se encuentre en él, el chico más cool con que salí nunca. Pololeamos incluso, hasta que la cosa terminó tórridamente -ya lo he contado mil veces, asi que me ahorraré la 1.001-.
Fue él el que estuvo a mi lado cuando me compré el departamento y me cambié. Él durmió conmigo en la primera noche de mi nueva vida, y me siento un poco -bien- vacía ahora que estoy emprendiendo el viaje de vuelta -por motivos nobles, concretos y justificados- y no hay nadie junto a mí que me ayude con las maletas.

Lo sé. Soy una mujer fuerte, y que usualmente se la puede con todas las cosas que la vida le endose, pero son justo estas pequeñas cosas las que me cagan: a veces sería tan bueno ser un poco débil y tener a alguien en quien poder cargarme un poco, que me prestara su hombro para este tránsito que me está resiultando tan complejo... y tan solitario.

martes, 8 de septiembre de 2009

Buscando el desempate

Tercer acto: I´m still waiting

Acostada, con el celular entre las manos, esperé que me llegara su mensaje de vuelta. No tardó mucho, y decía exactamente lo que yo quería leer: “También lo pasé increíble, y hay que repetirlo pronto!”
Sonriendo entre la satisfacción y el nervio, apagué la luz y me puse a pensar en lo que venía ahora, la tarea más difícil para mí en estas circunstancias: la espera.
Siempre he dicho que si fuera hombre me iría mejor en las lides amorosas, porque se me da bien eso de llamar, de buscar, de organizar panoramas y proponer salidas, almuerzos y cafés, pero esperar a que el otro tome la iniciativa me cuesta tanto como dejar de echar el frasco de Nutella al carro cada vez que voy al supermercado.
Como le decía a un amigo, la experiencia me ha mostrado que es mejor, en los primeros momentos de conquista, dejar que el macho haga la Mise-en-scène para su interpretación de la danza del plumaje, porque cuando he actuado tal como la víscera me mandaba, lamentablemente el sujeto en cuestión ha huido en descampado. En el ajedrez del amor, los hombres juegan con las blancas.
OK, puede que no sea siempre así, pero hablo desde mi experiencia personal e intransferible.
So, I´m still waiting. No llamaré, no escribiré ni me haré presente, porque en cuanto a la iniciativa, ya estábamos empatados a 1, y creo que a él le toca el desempate.

Segundo acto: “¿Cómo sería tu día ideal?”
Sentados en el restaurant la conversa fluyó rápidamente, como había pasado las veces anteriores. Cine, literatura, viajes y todos los otros miles de temas que tenemos en común.
Me felicité por seguir mi instinto y llamarlo para salir un domingo en la noche. La excusa por supuesto fue bastante básica (“Vengo del cine y me muero de ganas de tomarme un café, te tinca”?), pero me animé porque nuestra salida anterior fue gestionada por él, vía mensajes de Facebook, y había resultado bastante prometedora.
Entonces, entre conversas, risas, vino tinto y tortilla de papas (porque cambiamos finalmente el café por un restaurant) me preguntó cómo sería mi día ideal.
Me pareció una pregunta extraña, pero una manera bien inteligente y concisa de conocer los múltiples gustos de una persona.
-Empiezo con un desayuno rico, con yogurt, avena y café, sentada en la mesa del comedor y leyendo el diario.
-Y no en la cama?- me dijo él
-La verdad, detesto las migas entre las sábanas, así que no practico el deporte del desayuno en la cama
-OK- me dijo Mr Big, quien tendrá este sobrenombre no por el guapo y maduro galán de Sex and the City, sino porque es bastante más rellenito de lo normal, por no decir que es derechamente gordo. (nota mental: no decirle “chanchito” si la relación prospera)
-Después de eso me vuelvo a acostar para dormir hasta las 12, me levanto y cocino algo rico para almorzar con mis amigos, luego voy al cine a ver una buena película y me vuelvo por el Parque Foresta caminando y sacando fotos con mi cámara analógica. En la tarde voy a clases de tango y luego a un “tour de restaurantes”, es decir, a comer la entrada en uno, el plato de fondo en otro y el postre en un tercero. No se me puede ocurrir un día mejor que eso!
-Es cierto
- Ya, y tu día ideal?
-Salir a correr en la mañana, cosa que nunca hago pero que espero hacer…o ir al gimnasio, por ejemplo. Después un desayuno rico con mucha fruta y pan calientito. Luego unas clases de latín o griego, y después un almuerzo con mis amigos sofistas (que no tengo, pero igual), para terminar con una tarde metido en el cine viendo casi toda la cartelera, y una comida rica en algún restaurant, con un buen vino.
-Lenguas muertas, amigos sofistas y deporte? Curiosa la combinación
-Sí, me encantaría hacer algo de eso pero no tengo tiempo
-Yo creo que si uno esperara a tener tiempo para hacer las cosas que le gustan o le interesan, al final uno no haría nada. Yo hago mil cosas y siempre tengo que inventarme tiempo, pero me queda la satisfacción de saber que hago algo más que trabajar, comer y dormir- le dije.
En ese momento nos miramos con esa mirada cómplice, y como nada puede ser perfecto, llegó el mozo con la cuenta porque ya iban a cerrar.
Al salir del restaurant, tomamos un taxi y me dejó en la puerta de mi edificio. Nos despedimos con un beso en la mejilla y una sonrisa cómplice. No bien había entrado a mi departamento, tomé el celular y le mandé un mensaje: “Gracias por todo, lo pasé increíble”.

Primer acto: Museos de Medianoche
Mr Big era uno de los amigos del colegio de mi vecino, que conocí hace poco en una improvisada salida a comer pizza un día de semana en la noche. Pese a ser un poco más gordo de lo que me gustaría, me había tincado por su afición a los viajes y su gusto cinéfilo, así que no desconocí su foto cuando me agregó como amiga en Facebook. Yo ya le había echado una mirada a su perfil, pero dada mi experiencia, estaba esperando la primera jugada de su parte.
Entonces, luego de aceptarlo, me mandó un mensaje invitándome a los Museos de Medianoche, donde la entrada es gratis y estos centros culturales ofrecen tours guiados y espectáculos.
Paseamos, conversamos, nos reímos, hablamos de cine y de viajes y tuvimos miles de coincidencias. La verdad, su robusto aspecto me amilanó un poco, pero hace mucho que no conocía a nadie que me tincara como este sujeto.
Luego del recorrido cultural nos tomamos un café, y mientras hacíamos la lista mental de las 10 películas que más nos habían gustado, tuvimos un momento digno de mala comedia romántica hollywoodense
-Hay, como se llama esa película super buena de Stanley Kubrick, que es bien poco conocida- me dijo, tomándose la cabeza con las manos y buscando la respuesta detrás de sus párpados
-Barry Lyndon- dijomos los dos al unísono
-Cómo la conoces? Re poca gente la cacha- me dijo entusiasmado
-Es que si te gusta una película excelente y poco conocida de Kubrik es difícil que no sea Barry Lyndon- le dije yo
Y nos miramos. Ya era tarde y me fue a dejar en taxi a mi casa. Nos despedimos medio tensos, como advirtiendo que algo importante había pasado, que algo había cambiado. Que habíamos visto algo que nos gustó en la persona sentada del otro lado de la mesa.
Al bajar del auto y observar cómo se iba, pensé que si esta vez la salida la había gestionado él, no estaría de más llamar y proponer algo. Más que mal, sería empatar a 1.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Martes en la noche

Tercer acto: El Ciudadano

Y ahí figuraba yo, sentada en El Ciudadano, comiendo pizza y riéndome a morir con esta gente que acababa de conocer.
“Parece que era verdad aquello de que estaba demasiado encerrada”, pensaba, constatando los hechos de mi vida. Los dos años anteriores estuve a full con el magíster, y claro, como me cuesta una enormidad distinguir la línea que separa lo suficiente de lo innecesario, me metí de cabeza en el estudio, fui la mejor alumna y me fue estupendo, pero a un costo altísimo: sacrificar la vida social en el altar del enchulamiento del currículum, lo que a mis 29 años y soltería crónica era casi llenar el formulario de solicitud de ingreso a las monjas carmelitas.
Y ahora, que estoy haciendo la tesis, un poco más relajada porque elegí trabajar a mi ritmo, con plazos holgados y realistas, tengo tiempo para más cosas. Como la natación y la vida social, y ciertamente, me gusta demasiado esta nueva etapa de mi vida.


Segundo acto: “Perdonen el olor a cloro”

-Nunca creí que nos dirías que bueno- se rió uno de mis vecinitos del departamento, sentado junto a mí en el auto de la polola de mi otro vecino (sí, todos de la comunidad Melrose Place que resultó ser el piso 9 del edificio donde vivo)- siempre te invitamos a salir y nunca querías.
-Sí, es verdad, pero ahora que ya no estoy en clases del magíster ando más relajada con mi tiempo- le dije
-…y más deportista- agregó mi otro vecino desde el asiento del copiloto.
A las pocas cuadras se nos unieron dos amigos más, al parecer ex compañeros de colegio de mi amigo emparejado, con quienes han hecho un grupo bastante entretenido de salidas semanales, al que así como van las cosas, voy derechito a pertenecer.
Entramos al Ciudadano y habían tres personas más, una pareja, compañera de trabajo de la novia de mi vecino, y otro sujeto, que nunca supe bien de dónde venía. Repaso de la situación: sólo conocía a dos de las 8 personas de la mesa. Entonces, apliqué la técnica infalible para estos casos, ser graciosa:
-Oigan, perdonen el olor a cloro y la chasca de loca, pero vengo de natación-, les dije.
-Bueno, al menos nos queda claro que estás limpiecita!- dijo uno de los desconocidos y así, empezó una noche demasiado entretenida y completamente improvisada de reinserción a la vida social.


Primer acto: “denme 5 minutos”

Venía con el pelo todavía un poco mojado, el gorro de la parka puesto, las piernas medias tiritonas y el bolso pesadísimo a causa de las toallas mojadas y los miles de bártulos que siempre me prometo que dejaré en la casa pero que igual termino llevando a la piscina.
Nunca fui deportista pero esto de la natación me agarró fuerte, no solo porque noté las piernas y brazos más torneados al poco tiempo de comenzar, sino porque de verdad es estupenda para botar las tensiones de pegas estresantes como la mía.
Cansada, chascona y añorando mi cama, doblé en la esquina cuando me topé, frente a frente, con mis dos vecinos.
-Mira, por eso no salía cuando tocábamos el timbre.-dijo uno-Vamos con unos amigos a comernos unas pizzas, vamos?
-Ay, es que vengo de natación, estoy super cansada
-Ya, pero un ratito
Y recordé que tengo sobregirada al límite mi cuenta corriente de la vida social, de tanto hacer avances en efectivo y transferencias en línea al APV del estudio, que necesito salir más, conocer más gente y retomar la vida que tenía antes del magíster.
-Ya!- les dije-, pero denme 5 minutos. Subo a colgar el traje de baño, a peinarme un poco y bajo.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Aún tenemos patria, ciudadanas!

A veces siento que aún tengo 13 años, y que soy la gordita simpática y estudiosa con la que todos conversan y se ríen, pero que ningún compañero de cuso ha invitado –ni invitaría- a tomarse un helado después de clases, en el sumum adolescente de la invitación romántica, que seguramente termina con un piquito de despedida antes de subirse a la micro.

¿Será una cosa de autoestima? Nunca me he sentido fea (o al menos desde que bajé gran parte de los kilos que tenía de más), pero sé que tampoco soy una belleza sideral de esas que deja sin aliento. Inteligente soy, sin duda, pero he descubierto con el paso de los años que no es una cualidad que le agregue demasiado valor a uno, en esto que podríamos llamar el mercado de las relaciones de pareja.

Digo, para mí es importante estar con alguien inteligente, que tenga tema de conversación, que sea divertido y chispeante y con quien sienta que al conversar, el tiempo vuela. Pero parece que para ellos eso no es tan vital. Lo he observado últimamente, al enterarme que dos candidatos que estaban en mi lista de “posibles conquistas”, y que por lo mismo, consideraba entre otras cosas inteligentes, se emparejaron con la típica chica que, sin mirar en menos, destaca más por esa belleza sideral que deja sin aliento que por la inteligencia divertida y chispeante.

Tal como a mis 13, el chico guapo y divertido invitó a tomar un helado a la más linda del curso, y le contó sus planes a la amiga gordita, simpática e inteligente, para la que ni siquiera había espacio para un triángulo amoroso, a lo serie de TV de preparatoria gringa.

Un tema recurrente de este blog ha sido ese: ¿Cómo encontramos nosotras, las chicas 2.0 –inteligentes, independientes, claras y resueltas- a chicos que valoren esas cosas y no se encandilen solamente por un cuerpo perfecto? Sé que los hay –o al menos, me lo imagino-, tal como me imaginaba a los 13 años que alguien iba a invitarme un helado después de clases, cosa que finalmente sí terminó sucediendo.

Entonces –espero!- aún tenemos patria, ciudadanas!