El asiento de atrás-Yo puedo tomar un taxi, no te preocupes
-No, si no me preocupo, solo te digo que te voy a dejar
-No, de verdad no hace falta
-No me discutas- Me dijo bajando un poco la cabeza, levantando la mirada y clavando sus ojos chiquititos en los míos, como era su costumbre para demostrar que estaba totalmente convencido de algo.
También teníamos que pasar a dejar a la Pachi, la amiga con la que había ido al cumpleaños de la Sol, que también era amiga mía, de modo que los tres caminamos hacia el auto.
Al acercarnos, rodeé el vehículo por atrás, y casi al extender la mano para abrir la puerta del copiloto, entré en razón. Ese asiento que ocupé durante casi un año ya no era para mí, pese a que la Pachi se bajaba antes que yo.
Así que como buena ex polola, giré como para que no advirtieran mi acto fallido y abrí la puerta, me subí y me senté en el asiento de atrás.
Cinco horas antes
La Sol abrió mucho los ojos, pronunció en silencio pero con la boca muy abierta algo que no fui capaz de comprender, y señalaba hacia atrás, como si viniera entrando alguien inesperado y tratara de visarme.
Yo no entendí mucho, pero tampoco debí esperar demasiado para averiguarlo. Venía llegando él, acompañado de la Pachi. Los dos eran amigos de la Sol, al igual que yo, pero nunca habíamos coincidido en ninguna de sus fiestas.
No lo había visto en 2 años, desde esa tarde en la que nos juntamos después del trabajo a devolvernos nuestras cosas (en esa ocasión le dije que era un "intercambio de prisioneros"), un par de días después de que termináramos.
Desde hace poco tiempo que estábamos en contacto por circunstancias de la vida, y aunque los mails eran muy cordiales, tampoco eran tan frecuentes.
Estos contactos me tenían contenta, pese a que la amistad con los ex es un deporte que no practico y del que siempre he renegado, pero sí creo en las excepciones cuando a uno las cosas le nacen de verdad.
Justo la semana anterior me había invitado a ver la exhibición de su documental, aquél por el que me dejó de lado en un período bastante complicado de mi vida, lo que hizo que en último término nos separáramos. Yo había aceptado y más que mal, me parecía un lindo gesto de su parte, pero claro, la Sol no sabía eso, lo que explica su cara de terror y su gesto desesperado para avisarme del peligro.
Cuando entró, nos saludamos cordialmente, nos sentamos juntos, conversamos de la vida, del trabajo, de los premios que se ha ganado su documental y de mi vida colapsada entre el magíster, la pega y la ayudantía.
“Te portaste super bien conmigo”
Estacionó frente a mi edificio, y me dijo que le había encantado verme, y quería pedirme un favor.
“Estoy pasando un período complicado de pega, y tengo que tomar algunas decisiones, y como tú me conoces tanto, quería un consejo”, me dijo.
Yo le dije que no tenía ningún problema, que contara con eso y que nos pusiéramos de acuerdo para juntarnos.
Antes de bajarme, le di un abrazo gigante, que me nació desde lo más hondo y que a él también le nació desde lo más hondo responder. Me dijo que con el café también conversaríamos el tema de nuestra ruptura. “Pero eso sí, quiero que sepas que tengo super claro que aunque las cosas las terminaste tú, siempre te portaste super bien conmigo”. Eso me emocionó, porque una cosa es que uno lo sepa, y otra muy distinta que el otro te lo diga.
Justo la semana anterior me había invitado a ver la exhibición de su documental, aquél por el que me dejó de lado en un período bastante complicado de mi vida, lo que hizo que en último término nos separáramos. Yo había aceptado y más que mal, me parecía un lindo gesto de su parte, pero claro, la Sol no sabía eso, lo que explica su cara de terror y su gesto desesperado para avisarme del peligro.
Cuando entró, nos saludamos cordialmente, nos sentamos juntos, conversamos de la vida, del trabajo, de los premios que se ha ganado su documental y de mi vida colapsada entre el magíster, la pega y la ayudantía.
“Te portaste super bien conmigo”
Estacionó frente a mi edificio, y me dijo que le había encantado verme, y quería pedirme un favor.
“Estoy pasando un período complicado de pega, y tengo que tomar algunas decisiones, y como tú me conoces tanto, quería un consejo”, me dijo.
Yo le dije que no tenía ningún problema, que contara con eso y que nos pusiéramos de acuerdo para juntarnos.
Antes de bajarme, le di un abrazo gigante, que me nació desde lo más hondo y que a él también le nació desde lo más hondo responder. Me dijo que con el café también conversaríamos el tema de nuestra ruptura. “Pero eso sí, quiero que sepas que tengo super claro que aunque las cosas las terminaste tú, siempre te portaste super bien conmigo”. Eso me emocionó, porque una cosa es que uno lo sepa, y otra muy distinta que el otro te lo diga.

