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lunes, 7 de enero de 2008

Reencuentro

El asiento de atrás
-Yo puedo tomar un taxi, no te preocupes
-No, si no me preocupo, solo te digo que te voy a dejar
-No, de verdad no hace falta
-No me discutas- Me dijo bajando un poco la cabeza, levantando la mirada y clavando sus ojos chiquititos en los míos, como era su costumbre para demostrar que estaba totalmente convencido de algo.
También teníamos que pasar a dejar a la Pachi, la amiga con la que había ido al cumpleaños de la Sol, que también era amiga mía, de modo que los tres caminamos hacia el auto.
Al acercarnos, rodeé el vehículo por atrás, y casi al extender la mano para abrir la puerta del copiloto, entré en razón. Ese asiento que ocupé durante casi un año ya no era para mí, pese a que la Pachi se bajaba antes que yo.
Así que como buena ex polola, giré como para que no advirtieran mi acto fallido y abrí la puerta, me subí y me senté en el asiento de atrás.

Cinco horas antes
La Sol abrió mucho los ojos, pronunció en silencio pero con la boca muy abierta algo que no fui capaz de comprender, y señalaba hacia atrás, como si viniera entrando alguien inesperado y tratara de visarme.
Yo no entendí mucho, pero tampoco debí esperar demasiado para averiguarlo. Venía llegando él, acompañado de la Pachi. Los dos eran amigos de la Sol, al igual que yo, pero nunca habíamos coincidido en ninguna de sus fiestas.
No lo había visto en 2 años, desde esa tarde en la que nos juntamos después del trabajo a devolvernos nuestras cosas (en esa ocasión le dije que era un "intercambio de prisioneros"), un par de días después de que termináramos.
Desde hace poco tiempo que estábamos en contacto por circunstancias de la vida, y aunque los mails eran muy cordiales, tampoco eran tan frecuentes.
Estos contactos me tenían contenta, pese a que la amistad con los ex es un deporte que no practico y del que siempre he renegado, pero sí creo en las excepciones cuando a uno las cosas le nacen de verdad.
Justo la semana anterior me había invitado a ver la exhibición de su documental, aquél por el que me dejó de lado en un período bastante complicado de mi vida, lo que hizo que en último término nos separáramos. Yo había aceptado y más que mal, me parecía un lindo gesto de su parte, pero claro, la Sol no sabía eso, lo que explica su cara de terror y su gesto desesperado para avisarme del peligro.
Cuando entró, nos saludamos cordialmente, nos sentamos juntos, conversamos de la vida, del trabajo, de los premios que se ha ganado su documental y de mi vida colapsada entre el magíster, la pega y la ayudantía.

“Te portaste super bien conmigo”
Estacionó frente a mi edificio, y me dijo que le había encantado verme, y quería pedirme un favor.
“Estoy pasando un período complicado de pega, y tengo que tomar algunas decisiones, y como tú me conoces tanto, quería un consejo”, me dijo.
Yo le dije que no tenía ningún problema, que contara con eso y que nos pusiéramos de acuerdo para juntarnos.
Antes de bajarme, le di un abrazo gigante, que me nació desde lo más hondo y que a él también le nació desde lo más hondo responder. Me dijo que con el café también conversaríamos el tema de nuestra ruptura. “Pero eso sí, quiero que sepas que tengo super claro que aunque las cosas las terminaste tú, siempre te portaste super bien conmigo”. Eso me emocionó, porque una cosa es que uno lo sepa, y otra muy distinta que el otro te lo diga.

lunes, 25 de junio de 2007

"Santiago llora por ti"

Esta era la frase asquerosamente cursi que una de mis mejores amigas escuchó proveniente del buzón de voz de su celular, al final de un mensaje de cumpleaños de su ex pololo, que en el último tiempo, y pese a que llevan casi un año separados, ha adoptado la inexplicable costumbre de llamarla, a horas bastante poco apropiadas, para “saber cómo está”. El mensaje hacía alusión a que ella no estaba en Chile el día de su cumpleaños, y que coincidentemente, llovía sobre la capital.
Siempre me he preguntado por qué los ex pololos llaman para saber cómo está una. Aclaración: la amistad con los ex es un deporte que yo no practico ni me interesa, debido a que creo que si uno quiere a alguien de pareja, status superior a un mero amigo, es imposible degradarlo de categoría y tener una relación sincera con esa persona. Conozco gente que lo hace y que le resulta fantástico, pero yo simplemente no puedo.
Hace algún tiempo, conversé este tema con un tipo que recién venía conociendo, y me dijo que es algo tremendamente machista, porque los hombres pese a saber que ya no hay una relación de por medio, se quedan con el sentimiento de pertenencia y de cuidado de la otra persona, y en tanto esto último, les interesa saber cómo está la susodicha, sobre todo si ellos han sido quienes rompieron la relación.
Debo decir que durante un tiempo largo tuve episodios de este tipo con un ex, el único al que creo que he amado verdaderamente y por el que hubiera sacrificado todo, mi carrera, mi vida laboral e incluso mi enhiesta posición de no querer hijos.
Luego de que terminó conmigo me llamaba insistentemente para saber como estaba. “Destrozada, como quieres que esté?” le respondí la primera vez. “No te mereces nada de mí, ni siquiera saber si estoy bien o estoy mal”, le contesté, hostil, la penúltima vez que hablamos, cuando le dije que no me llamara más porque él había elegido que nuestros destinos se separaran y una de las consecuencias de su propia decisión era no saber nada mío.
Luego comenzó con mails que también respondía hostilmente, hasta que una llamada inesperada, a casi 3 años de ya no estar juntos, marcó el término. Me dijo que yo había tenido razón, que se había equivocado en su decisión y que siempre me iba a querer, porque yo era una gran persona. “Muchas gracias, pero tengo alguien que me recuerda eso todos los días en la mañana”, le dije, porque en ese momento estaba emparejada y feliz. Nunca más hizo intentos de contactarse conmigo.
Esta historia puede sonar terrible y mi postura puede parecer radical (y de cierta manera lo es), pero lo que pasa es que no entiendo esa persistencia, ese “quiero saber de ti a toda costa, incluso si tú no quieres que yo sepa nada”.
Cuando yo he terminado una relación, no me acerco por respeto, porque sé por experiencia propia que lo que menos necesita el corazón sangrante del otro para recuperarse es la influencia de la persona que provocó la herida, y que una vez que ésta ya se ha cerrado, la cercanía ya no tiene ningún sentido.
Respecto al ex de mi amiga, ojalá que desista, porque además de todo, es bastante molesto recibir llamadas a altas horas de la noche preguntando “qué ha sido de tu vida?”.