Hoy están de cumpleaños dos compañeros de trabajo y por eso, salimos a almorzar todos juntos. La conversación inevitablemente derivó en el tema de los signos. Hablando de compatibilidades, ascendentes y afinidades, me di cuenta de que tengo un karma con los Géminis. La abrumadora mayoría de las personas importantes en mi vida han sido de ese signo. El 90% de mis pololos, parejas, pinches y afines, gran parte de mis amigos y gente que por diferentes circunstancias ha sido importante para mí ha nacido entre el 21 de mayo y el 20 de junio.Tratando de buscar una explicación racional, y creyendo como creo en que el signo de las personas determina su carácter pero no así su futuro, llegué a la conclusión de que es esa dualidad exquisita que tienen los geminianos la que me encanta: a ratos pueden portarse como niños, jugar sentados en el suelo con una pelusa que entró por la ventana, mirar un objeto con la curiosidad de los 5 años, y al momento siguiente, hablar sobre la vida, las experiencias y las cosas relevantes como si tuvieran recorrido el camino de alguien de 60 años. Para mí, no hay nada que llame más poderosamente mi atención que las personas que combinan esas dos cualidades con armonía.
La otra parte minoritaria pero no menos importante de las personas que me rodean son Aries, como yo. Todos de carácter fuerte, tozudos y frontales, tenemos, como una vez me lo dijeron, la composición de un yogurt americano: los primeros dos tercios de acidez y un tercio final de mermelada, premio para los valientes capaces de bancarse los dos tercios del principio.
Lo que me gusta de la gente de mi signo y que yo también tengo es que somos 100% jugados por nuestros amigos. Si a alguno de los míos le pasa algo, salto como fiera con las garras afuera para atacar, o inmediatamente disponible para contener, cobijar y defender, reaccionando más fuerte que si el problema lo tuviera yo misma.
Es curioso como este tipo de patrones se repiten, y como dije, pese a que no creo en las predicciones del tipo “Tauro tendrá un día feliz y lleno de satisfacciones”, sí creo que el día del nacimiento nos aporta ciertas características que, para bien o para mal, nos acompañarán toda la vida.
